Tal y como hemos dicho desde el principio, este proceso estaba decidido de antemano y pensamos que además de lo grave que siempre resulta el despido forzoso de tantos compañeros, ha sido también muy preocupante cómo se ha gestionado y quién lo ha avalado.
1. Un acuerdo firmado por TODOS… incluso por quienes no era necesario.
El acuerdo del ERE ha sido firmado por todos los sindicatos, incluidos los minoritarios cuya rúbrica no era imprescindible. Con esto se legitiman despidos forzosos que no deberían aceptarse nunca y se refuerza la posición de la empresa. Y lo más preocupante: se dificulta o bloquea la posible impugnación del ERE para cualquier trabajador que considere injusto su despido.
2. Una voluntariedad limitada, opaca y cuestionable.
Se ha vendido este proceso como “voluntario”, pero la realidad es muy diferente: No conocemos qué porcentaje real es voluntario, no se ha informado con transparencia. Y además el mayor colectivo con posibilidad de acogerse a esa voluntariedad eran, paradójicamente, los propios afectados.
Esto desvirtúa completamente el concepto de voluntariedad y genera desconfianza.
3. Contra la criminalización de la huelga
Resulta inaceptable, lamentable escuchar a sindicatos tachar la huelga como “irresponsable”.
La huelga es un derecho fundamental, una herramienta legítima y, sobre todo, el único mecanismo real para negociar de tú a tú con la empresa
Es una vergüenza que algunos sindicatos desacrediten la movilización en lugar de impulsarla desde el principio.
4. Referéndum sin información ni debate
Se convoca un referéndum de un preacuerdo que ya está en marcha, sin apenas asambleas (especialmente en Madrid), y sin que la plantilla disponga del texto completo del acuerdo ni de la letra pequeña
Esto no es participación democrática, es una ratificación a ciegas y no es la primera vez que sucede.
Nuestra posición no ha cambiado, es la defensa del empleo y su estabilidad de TODOS los compañeros y compañeras.
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